Después de una larga, larguísima ausencia que aun re-siento, vuelvo a publicar. Tal vez resulte como siempre el post más trivial de entre los triviales, pero si de estos no hubiera, la lista sería menor a dos elementos.
Eran tan sólo algunas horas antes de la medianoche de un día cualquiera y ahí me encontraba rumbo a uno de los lugares de méxico que más me atrae: chihuahua y su sierra tarahumara. Mochila al hombro -y esta vez, a la manera adulta, con boleto en mano- y un plan escurridizo en mente, emprendí el camino.
Algunos meses atrás me he venido cuestionando la existencia de otros tiempos de vida a los que llamamos vidas anteriores y me parecen ciertamente creíbles pues, no sé qué me lo dicta, en una anterior debí ser un misionero -en el mejor sentido de la etiqueta (sí: hay un buen sentido). Mis intereses y los de aquellos divergen pero tienen como base un mismo precepto: conocer y entender distintas formas de vida, de vivir.
Estando ahí, la que todos llaman ‘la tierra sin gobierno’, Turuachi (sur de chihuahua) sentí cómo mi voz, en caso de ocurrir alguna ‘tragedia’, no habría sido más que un árbol cayendo, como uno de tantos que diariamente se talan. Cientos de historias me fueron contadas: los camiones que frecuentemente son balaseados, las chicas a quienes han disparado cuando van en el camión, los secuestrados en carretera, etesé, etesé... y aun así me vi ahí, gobernado por la ley de un sin rostro.
Pese a todo lo malo que pudo haber ocurrido, el viaje resultó un total éxito. Conocí, como era mi objetivo, a las personas de la localidad. Entre ellos a Don Blas, quien con toda la amabilidad y disposición me enseñó a hablar en su lengua (rarámor raítsa). Pasamos muchas tardes y mañanas sentados bajo el sol platicando, en espera de que el frío abandonara nuestros echosbolita cuerpos.
He vuelto y tengo muchas anécdotas, pasajes y demás para contar, pero si le soy sincero a los pocos lectores de este lugar: si las ganas por escribir (y el tiempo para hacerlo) vuelven a mi, con gusto las cuento; por ahora, cada vez que me pongo frente a magui (mi lap) me gana el deber (debo trabajar, debo leer, debo transcribir) y dejo de lado navegar o cualquier otra cosa. Así que por ahora termino esto al decir que no me iré, pero sí tardaré en publicar, casi tanto como he tardado en esta ocasión.
Guiño, guiño... rí 'a tiré 'aré tepé (que quiere decir: y nos vemos pronto)