latencia








Me mantuve en silencio cuatro, quizá cinco segundos. Tú preguntaste algunas veces quién era yo. La verdad no me atreví siquiera a decirte hola. Mucho menos a fingir un número equivocado. Te colgué y no he vuelto a saber de ti desde ese entonces. La sola idea de saber que ese es el único vínculo que queda entre nosotros me llena de un pánico indescriptible, producto de una posibilidad constante al paso del tiempo. Moriría en el justo momento que al colocarme el auricular al oído, escuchara una voz que informara de una suspensión definitiva de tu número telefónico, en lugar de un «¿bueno?» armonizado por tu voz.








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luto